verano

Afrontar las vacaciones

1/7/13

El verano es como una sensación agridulce: gusta porque necesitamos ese tiempo tan preciado para recuperar energías después de tanto estrés durante el año, pero lo odiamos por la cantidad de complicaciones que nos pueden aparecer y la cantidad de retos a superar, sobre todo los que sufrimos un TCA.

En primer lugar, salimos de la rutina y cambiamos los horarios de los que tan acostumbrados estamos. Ya no se almuerza a la misma hora, no siempre hay tente, se hace más ejercicio, más fiestas, más alcohol, más helado, más picoteo… En resumen, todos nuestros cálculos se van al carajo y nos cuenta afrontar la situación. Los cambios en la alimentación nos bloquean, es obvio.
Después, el tiempo libre es una gozada, pero cuando sabes cómo aprovecharlo, porque si no, otro agobio se suma a la lista. Te aburres y ¿qué haces? ¿Comes? ¡Error! ¿O no? – Un caos.

Luego la mente nos recuerda que el verano equivale a menos ropa y más exponer nuestro cuerpo al sol – y a los demás –. Este es uno de los mayores pánicos. Buscamos la postura que mejor muestre nuestra silueta en la playa o nos zambullimos directamente en el agua para que solo nos quede la cabeza visible. Comparamos con otros cuerpos, nos ponemos metas estúpidas para adelgazar, nos deprimimos al ver que los shorts cada vez nos quedan peor… Todo esto duele, duele mucho en nuestra cabeza.

La cosa no queda ahí, se complica aún más cuando se nos propone salir más de fiesta – y por ende se interpreta que se va a comer o beber aún más –, realizar viajes a sitios desconocidos (con comida y hábitos desconocidos, también) o ir de vacaciones al pueblo a ver a nuestros familiares que hace tanto que no vemos y no sabemos cómo van a reaccionar ante nuestros cambios.

Hablemos con algunas de las chicas para que nos cuenten un poco su experiencia o sus miedos en verano:

- T.A.: Para mi este verano va a ser el primero en el centro. Recuerdo muchísimo el verano pasado que aunque estaba anímicamente muy mal y aún peor con la comida empecé a ver la luz porque sabía que después de verano, en cuanto pudiera, empezaría mi tratamiento y recuerdo soñar con este verano, con tener un verano que no esté plagado de obsesión por el cuerpo, del control por la comida, plagado de malestar. Este verano, cuando me vaya unas semanas fuera del centro sé va a ser duro, llevo pocos meses de tratamiento y va a ser un cambio importante en mis rutinas y salir de mi zona de seguridad pero tengo ganas, me siento con fuerzas y aunque tenga miedo me siento muy apoyada por el grupo y por las terapeutas y por mi familia y pareja. Sé que aunque esté muy lejos puedo contar con mucha ayuda y eso me tranquiliza y me hace confiar en que este verano va a ser diferente, que pese a que aún no estoy curada ya no soy la misma, que empiezo a disfrutar de la vida y que tengo mucha gente a mi alrededor.

- Lau: Para mí, el mayor reto de las vacaciones es el hecho de salir más de casa y deshacerme de la zona de confort, como la rutina. Durante el año salgo muy poco con amigos y prefiero quedarme en casa porque me resulta más cómodo antes que salir ahí fuera y dejar a un lado mis obligaciones. Pero luego en verano me cuesta cambiar el chip, volver a conectar con los amigos, volver a salir más. Las relaciones sociales a nivel grupal siempre han sido una gran dificultad para mí, pero no me queda otra que afrontar la situación y adaptarme a los cambios.

Así pues, ¿qué nos aporta pasar por todas estas dificultades? ¿Por qué no nos quedamos en casa viendo películas si tanto nos cuesta seguir adelante? Básicamente aprendemos a vivir, a resolver problemas, a madurar, a desarrollar más herramientas en esta lucha y hacer desaparecer todos nuestros miedos. Debemos saber que no estamos solas, que tenemos ayuda tanto dentro del centro – con las compañeras, el grupo de Wassap o las terapeutas – como fuera del centro – con los familiares o los amigos más íntimos.

¡Hay vida más allá del trastorno! Solo debemos conocerla poco a poco, con paciencia, afrontando sin prisas pero sin pausas cada uno de los problemas que vayan surgiendo y pedir ayuda si es necesario.

Recuerda: si hay gente que puede, tú también